Nada más conocer el sorteo de la eliminatoria de la UEFA, saber que el rival era el Atlético de Madrid y que la vuelta coincidía en puente, pensé que era una buena ocasión para ir a Madrid. Aquella misma mañana reservé un hotel en la zona de Gran Vía. No recuerdo el motivo, pero el puente se me torció y tuve que anular todo.
Aquella maldita noche, al conectar la radio para escuchar los previos del partido, me enteré de la noticia. Como todos, sentí dolor, pena e impotencia. Al instante, el fútbol pasó a segundo plano y recuerdo que seguí minuto a minuto los programas deportivos, los noticiarios e, incluso, hasta las tertulias políticas nocturnas.
No puedo apartar de mi mente las imágenes dadas por ETB al día siguiente, que no he encontrado en youtube. Unos subtítulos ponían letra a los cánticos y gritos que podían oírse en el campo. No voy a decir que gritaran todos, pero tengo la sensación de que lo hicieron muchos. Una imagen infernal, de un campo infernal, que ponía los pelos de punta.
Han pasado trece años desde que la navaja de un asesino, de un fascista, perteneciente a un grupo fascista, segó la vida de Aitor Zabaleta. Trece años sin que se haya hecho justicia. Trece años de impunidad. Trece años que nuestro equipo acude a ese maldito campo y escucha como se humilla la memoria de una persona asesinada. Ahora, que todo el mundo habla de memoria.
El Reglamento disciplinario de la Federación Española es duro con los actos y conductas violentas, racistas, xenófobas e intolerantes.Al menos en su letra y define como tales, entre otras, la entonación en las instalaciones deportivas de cánticos, sonidos y consignas, así como la exhibición de pancartas, banderas u otros símbolos, conteniendo mensajes vejatorios por razón de origen racial, étnico, geográfico, social o por la religión, convicciones, discapacidad, edad, sexo u orientación sexual, así como los que inciten al odio o atenten gravemente contra los derechos y libertades de las personas.
Este Reglamento también establece sanciones que, entre otras, pudieran conllevar la clausura hasta por una temporada del campo. No entiendo como esta conducta se repite sistemáticamente y nadie haga nada para que no se repita. A veces, desgraciadamente muchas, no entiendo para que se aprueban las leyes o en este caso los reglamentos. HARITZ
En recuerdo a Aitor Zabaleta en el aniversario de su asesinato
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